El Taj Mahal, una promesa de amor

En el mundo tan globalizado al que nos enfrentamos hoy en día, existen muy pocos parajes que nos provoquen sorpresa y desconcierto.

La India es uno de aquellos destinos turísticos que provocan una gran sorpresa, debido a que contrario a lo que pudiéramos pensar, sus rutas se encuentran adaptadas para el turismo. Llenas de protecciones y comodidades, las que van enfocadas a entregar un entorno mas acode que no resulte tan perturbante.

Dentro de la inmensidad de este país podemos encontrar el “Triángulo dorado” del norte, que es la ruta mas popular entre los viajeros. Esta constituida por ciudades como Delhi, Agra y Japur. Lugares llenos de encanto, cargados de palacios y templos medievales.

Su entorno en general es un espejo de la fase de modernización que el país se encuentra experimentando.

Resulta raro imaginarse grandes cadenas de comida rápida conjugadas con pueblos cercanos en los que aun se ven transitar vacas a su pleno antojo.

Lo que verdaderamente distingue a la India de otros destinos, es el enorme tesoro cultural que se encuentra arraigado en sus tierras como muestra de un histórico pasado.

La gran cantidad de cultura ancestral y la abundante presencia de tesoros naturales es muy significante para la historia y civilización del mundo.

Su cultura folclórica ha sido legada generación tras generación. Otorgando un fuerte potencial a historias de caballería y amor.

La grandiosidad de sus desiertos cubre gran parte del territorio de este país. Sin embargo, las personas de este lugar lo han transformado en el desierto mas lleno de colorido conocido alrededor del mundo, haciéndolo definitivamente un destino imperdible.

Durante 6 meses del año las playas del litoral de la India ofrecen un clima perfecto para el disfrute del visitante. Sus rincones entregan un ambiente inhóspito y apacible, liberando al visitante de las cargas producidas por el estrepitoso escenario de la vida moderna.